
Siguiendo en
el tema de la democracia, el domingo se vivió una jornada interesante en
nuestro país, la cual solo tiene un antecedente, el de 1.957, en el cual Alberto
Lleras Camargo y Laureano Gómez firmaron en nombre de sus partidos, un pacto
para volver a gobernar el país, pero por turnos: alternación solo entre
presidentes liberales y conservadores durante dieciséis años.
La paridad se
estableció obligatoria en todos los poderes públicos, ningún otro partido tenía
derecho a postular candidatos a la Presidencia, a los concejos municipales,
asambleas departamentales y al Congreso de la República. Dicho acuerdo comenzó
a regir en 1958, previamente aprobado por el pueblo en un plebiscito en el que
le gente votaba sí o no por un texto indivisible.
En cada administración
se repartían los ministerios y demás puestos oficiales entre políticos de ambos
partidos “milimétricamente”. O sea, por igual, que ninguno tuviera más poder
que el otro. Al sistema le pusieron el nombre de Frente Nacional.
En el caso del
2 de octubre, la justa democrática tenía como fin refrendar los acuerdos
pactados en La Habana entre el Gobierno Nacional en cabeza del presidente, Juan
Manuel Santos Calderón y el grupo armado denominado Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, Farc, para lo cual la pregunta fue: ¿Apoya usted
el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz
estable y duradera?, proceso que tenía habilitados para votar 34’899.945, de colombianos,
pero como siempre la abstención superó los índices y solo terminaron
participando 13’066.047 colombianos, por el sí, 6’377.482 y por el no 6’431.376,
lo cual demuestra el alto grado de polarización que vive nuestro país, otra vez
terminaron los menos decidiendo el futuro de los más.
Pero bueno,
más allá del proceso democrático, creo que es una oportunidad de oro que tenemos
los colombianos, ganó el no, pero fue el no a los acuerdos, ganó el no, pero
para hacer los ajustes y correctivos necesarios, no cabe en mi cabeza que
exista un colombiano que no quiera la paz, como lo he manifestado en otros
escritos, la paz es un derecho, un deber y un fin del estado que nos compete a
todos y cada uno de los colombianos; insisto que con estos resultados quien
gana es la paz, gana la posibilidad de construir un mejor acuerdo, más
incluyente, en el que quepamos todos los colombianos, un acuerdo que no solo
beneficie a más o menos 10.000 compatriotas que hacen parte del grupo armado de
las Farc, un acuerdo que cree una mejor Colombia, y quien mejor para rediseñar
esos acuerdos que nosotros los colombianos.
La muestra de
esta disposición de hacer la paz la demostraron las mismas Farc, que expresaron
su voluntad de seguir en el proceso, el Centro Democrático, uno de los
abanderados por el no, quien manifestó que se debe hacer un gran pacto nacional
por la paz y el mismo gobierno, en el cual el presidente expresó que seguiría
buscando la paz hasta el último día de su mandato, lo que me parece coherente y
acertado.
Pero
presidente y amigos que apoyaron el sí, desde aquí quiero manifestarles lo
siguiente: la paz es de todos los colombianos, el hecho de apoyar el no y estar
en contra de los acuerdos no me hace tu enemigo, ni enemigo de la paz, yo
también quiero la paz, yo también quiero y merezco un país en paz, con
oportunidades, con equidad, un país en el que se respeten las ideas, el credo,
la raza, el sexo, el género, el color; un país donde no reine la corrupción, un
país en donde prime el interés general sobre el particular; un país en donde no
se mueran los niños por desnutrición, un país en donde no exista
desplazamientos masivos; un país en el que se respete la institucionalidad, un
país en el que tengamos más hospitales, escuelas y bibliotecas; un país en
donde no tengamos minas antipersonas, un país con un índice bajo o nulo de
necesidades básicas insatisfechas.
Aquí el único
que perdió fue la arrogancia, perdió la mermelada, perdió la imposición; Colombia
ha demostrado que pese al nivel de polarización, somos un país democrático que
puede salir adelante.
Amigo promotor
del sí, no es mandándome a coger el fusil e ir al monte o tratándome de
paramilitar que construimos un mejor país, no te equivoques, yo también leí los
acuerdos para tomar mi decisión y por eso te reitero que quiero la paz como tú,
una paz que empieza por nosotros mismos, con nuestro buen actuar, respetando
las normas, siendo honestos y responsables, tú y yo somos los encargados de
construir la paz.
De igual manera
te digo a ti amigo que como yo defendimos el no, cumplimos una parte de la
tarea, que era hacer del no mayoría para lograr corregir y enmendar los
acuerdos, pero nuestra responsabilidad en la construcción de un mejor país está
en el mismo nivel que los que apoyaron el sí, reitero que es una gran
oportunidad, a la cual todos tenemos que aportar un grano de arena para tener
un país en paz, actuemos con coherencia y respeto por el prójimo, acabemos
entre todos la polarización que tiene nuestro país, Colombia es de todos y para
todos, somos hermanos, paisanos, amigos, compatriotas, convirtámonos en agentes
de paz, la paz no tiene un dueño, tiene más de 45 millones de dueños, que somos
todos los colombianos.
por: Armando Olmedo Ávila
abogado
especialista en derecho administrativo