Mientras el pueblo, como hipnotizado, se dedica a mirar con lupa lo que
hace el gobernador encargado, nuestro pueblo es absorbido por la delincuencia
que está haciendo de las suyas en las calles debido a la falta de un plan de
acción que permita frenar esta avalancha desbordada de robos y crímenes que
tienen al ciudadano al borde de la locura.
Es necesario que el ciudadano analice la grave situación que se viene
padeciendo, que se involucre en ella,
que hable, que proteste por cada vida que se pierde en manos de los delincuentes
y dejen lo político a un lado, no sea que cuando reaccionemos sea demasiado
tarde.
En estos
días solo se escucha hablar del gobernador, de los aspirantes a reemplazar a
Oneida Pinto de reuniones políticas en busca de un disfrazado consenso, también
se oye hablar de una protesta contra el gobierno central por la dignidad
guajira, mientras tanto la desviación del Arroyo Bruno sigue avanzando y nadie
dijo algo cuando el ministro de Minas dijo que la decisión es irreversible.
De esta
forma le estamos siguiendo el juego al gobierno que astutamente ha enviado a
este paisa para entretenernos mientras los proyectos siguen su curso y el
pueblo engolosinado por el poder que le concede la Gobernación no se da cuenta.
De
acuerdo en que debemos estar pendientes del paisa, pero no podemos descuidar
nuestra seguridad y bienestar. Enfoquemos nuestro lente en la realidad que
estamos viviendo, que no es una pera en dulce, la violencia, los robos y
atracos son el pan de cada día y no estamos haciendo algo para ponerle freno a
esta situación.
En lo
personal considero que la seguridad ciudadana debe prevalecer sobre lo político
ya que está en juego nuestra integridad física y nuestra vida. Dejemos que el paisa
se sumerja en los vericuetos de la administración y nosotros desviemos la
mirada hacia nuestro entorno.
Con vida
podremos defender nuestros intereses y muertos seremos presa de los gusanos.
Compañeros, los invito a reflexionar y buscarle solución o ponerle coto a
quienes nos están robando y matando. Dios nos bendiga, y hasta la próxima.
por: Hermes López Deluque