miércoles, 20 de julio de 2016

reflexiones: CUANTO TIENES, CUANTO VALES

Este slogan es utilizado erróneamente por muchas personas que piensan solo en lo material, que descartan lo humano y lo espiritual, que deben ser la base fundamental para la formación del hombre.
Es muy cierto que el dinero es necesario para muchas cosas y sin él nos privamos de comodidades y sufrimos ante la impotencia de no poder hacerle frente a las graves situaciones que se nos presentan en el diario transcurrir de nuestra existencia. Pero también es muy cierto qué no lo es todo en la vida y con poco dinero se puede vivir en paz y feliz.
Cuando nos obsesionamos con el dinero nos volvemos esclavos de él y descuidamos lo demás, pensando en conseguir y amasar fortuna olvidándonos de todo lo que nos rodea y lo que es peor, perdemos la humildad y el amor hacia el prójimo, nos olvidamos que existe Dios y que a todos nos espera el mismo fin…la muerte.
Qué hermoso sería que todos vivamos en armonía y fuéramos solidarios los unos con los otros. Pero la realidad es otra porque cada uno trata de sobresalir sin importarles como, ni a costa de quien y cuando se adquiere el poder del dinero nos creemos intocables y cuando nos ofenden acudimos a la violencia y en muchos casos, al crimen.
Cuando se es rico se vive en la abundancia y de las apariencias, se enfrasca en la competencia con los demás para demostrar quién tiene más poder y se trata de superar las comodidades de los amigos o compañeros de trabajo solo con el de decirle !Yo estoy mejor que tú!
Pero ser pobre tiene su recompensa y se disfruta de lo que con tanto sacrificio se consigue para gozo de los nuestros. En la mesa del pobre nunca sobra la comida porque se come con hambre y se disfruta al máximo el alimento. Los sentimientos y las emociones se comparten y se vive en armonía.
El rico anda temeroso de perder su riqueza y vive obsesionado con su dinero. Por eso, anda preocupado y en cada amigo ve a un enemigo, se vuelve paranoico y duerme mal. El pobre vive despreocupado y solo le preocupa el sustento de su familia, duerme con su conciencia tranquila, rodeado de un ambiente agradable, da y recibe amor y confianza. Cuando alcanza un objetivo se arrodilla y da gracias a Dios, lo celebra con su familia y sus amigos y se regocija del éxito alcanzado.
Es por eso que me siento complacido con mi pobreza porque en ella aprendí a valorar la amistad, a sobrellevar las incomodidades y disfrutar de la abundancia y lo más importante, conservo la humildad de mis padres. Es por eso que en mi pensamiento no tiene cabida el orgullo porque lo reemplazo con algo mejor…principios.
Lo mejor en este caso es preguntarnos ¿Quién soy y quien quiero ser?  así fijarnos metas, alcanzarlas y ser recordado por nuestras generaciones con amor y respeto. Dios nos bendiga y hasta la próxima. 

por: Hermes López Deluque

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