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martes, 4 de diciembre de 2018

ESTA VIVITO Y COLEANDO


Sí, así es. El señor José Hilario Gómez Toncel, está vivito y coleando, goza de buena salud y se pega sus tragos y dicen que tira sus canitas al aire, muy de vez en cuando y que en la tercera la caja empieza a chillar. No me crean son rumores y la gente habla mucho, inventan más de lo debido. Pero de que salen, ¡salen! (las brujas, claro está).
Este pequeño introito, me permite referirme a un evento cultural y folclórico llevado a cabo en el Crem de Fonseca, el día 11 de noviembre pasado, denominado Transmisión de conocimientos, salvaguardia del vallenato tradicional. Dicho evento fue dirigido y organizado por la fundación musical Maestros, una ONG representada por el maestro Johnny Solano Manjarrez, quien auspiciado por la Alcaldía Municipal, el Ministerio de la Cultura y el departamento de La Guajira, realizaron este foro de transmisión del conocimiento sobre lo que significa el vallenato tradicional, lo que representa, hasta dónde se extiende y porque no podemos permitir que se acabe, y menos hoy, cuando ha sido elevado al sitial de patrimonio histórico  de la humanidad.
Contamos ese día, con la presencia del benemérito, perínclito y sobresaliente (como diría Cuello Manuel) compositor villanuevero, Rosendo Romero Ospino, modelo 53, con más de 35 años de vida musical y más de 400 canciones de las cuales le han grabado más de 200.
No se le puede pedir más al cristiano; hijo de Escolástico Romero Rivera y Ana Antonia Ospino Campo, padres de una de las dinastías más grandes del vallenato tradicional. Rosendo, conoce, investiga, maneja y transmite lo que es el vallenato tradicional y de una manera didáctica y con una pedagogía natural, contagia al oyente de las riquezas escondidas en este maravilloso mundo del folclor del Valle de Upar, el cual comprende todo el territorio ocupado por la cultura chimila con cada una de las comarcas y tribus, desde el río Magdalena hasta las inmediaciones de Barrancas en La Guajira, bien cerquita de Riohacha, así lo describió Darío Gutiérrez Hinojosa.
Hoy Rosendo se da el lujo de andar por todas partes defendiendo el folclor vallenato tradicional y buscando que la Unesco no se eche para atrás y el patrimonio cultural sea una realidad perdurable en el tiempo, sin contaminaciones, sobresaliendo la rima provinciana del compositor auténtico y natural, que defiende su obra por encima de todo.
Junto con Rosendo, estuvo José Hilario Gómez Toncel, uno de los pocos  juglares que quedan en Fonseca y que merece que se le atienda en vida y se le brinde un homenaje en donde se le distinga y se le valore su capacidad folclórica musical y compositora.
Profesor Johnny Solano, José Hilario se merece eso y más, y él es una biblioteca andante con anécdotas, canciones, cuentos, relatos, composiciones y conceptos que hacen parte de la historia de este nuestro folclor vallenato.
En la próxima transmisión de conocimientos la invitación es para José Hilario, sin olvidar que estos acontecimientos deben quedar grabados, escritos o filmados para que las nuevas generaciones puedan escudriñar la historia de los hechos pasados.
De la intervención de Rosendo Romero, creo que no se hizo la grabación de la acertada disertación del folclorista villanuevero, una falla que no podemos cometer con José Hilario. Cuente con mi colaboración y muy pendiente estaré de su derrotero. A través de estas cuartillas le expreso a José Hilario, mi admiración y respeto, lo mismo que aprovecho para saludar a Jesús Torres, Hugues Peñaranda y a todos los folcloristas, músicos y artistas del valle de Upar y del mundo.

escribió:
Armando Olmedo Larrazábal

lunes, 16 de abril de 2018

¿MARIHUANEROS E INTELECTUALES?... DE QUÉ LOS HAY LOS HAY


Cada pueblo que se respete en Colombia, tiene estos personajes, productos de la generación de jóvenes de finales de la década de los años 60 y de los 70. Son unos bacanes, no andan formando problemas y tratan en lo posible de pasar desapercibidos, a no ser por su indumentaria, que casi siempre es la misma o trata de ser la misma: lentes oscuros (Ray band, por lo general) zapatos blancos, tenis última moda o mocasín sin medias, camisetas de marca, guayaberas, liqui liqui, zafari, con un jean o un pantalón de lino. Algunos acompañan esta vestimenta con un sombrero media ala o una cachucha beisbolera, para cubrir su abundante cabellera que casi siempre se la dejan crecer un poco más de lo normal, tipo Beatles.
Los delata el caminado y la manera de hablar, su jerigonza es casi siempre la misma y quien no la conoce queda en el aire, porque ellos se tratan como en una especie de logia y usan muchas palabrejas que el común de la gente no interpreta. Claro estamos hablando de un marihuanero que se respeta y conserva a su gremio y que se cuida de no “pasar la raya”.
Muchos, muchísimos profesionales, intelectuales de mi costa querida de mí adorada Colombia, son unos bacanes, que no por eso se desempeñan mal en sus cargos, profesiones y empresas.
Tampoco a cada momento están fumando, ellos tienen sus ratos y sus días especiales y se acompañan de sus compinches y hacen o mandan a preparar comilonas, donde se dan sus gustos.
Cuando revuelven una cosa con la otra (bebida y marihuana), casi siempre hay problemas, eso tratan de evitarlo, pero el vicio puede más y ahí es donde se presenta el peligro del bacán, del marihuanero de mi pueblo, que se vuelve belicoso y se torna antisocial, porque ya no responde a los razonamientos normales y es el diablo el dueño de este individuo.
¿Marihuanero intelectual? de que lo hay lo hay, ahora lo escribo en singular, porque me parece que el gremio se está reduciendo, los que eran jóvenes en los 60 y hasta los 70’, ya no son tan jóvenes y otros están ya muertos. La mayoría han fallecido, de muerte natural.
Hablo aquí del bacán, porque del prostituido que sea otro el que hable. Decía la Yile… “Ese Gabo es el bacán más grande del mundo. ¿Será que tenía razón? De todas maneras, en ese campo yo no me meto, “ese es mucho camisón pa´ Petra”. Gabo merece mucho respeto y vale un Macondo, que Dios lo bendiga donde se encuentre.
El Gringo, otro bacán de mi pueblo, expresa que… “a ella lo que hay que echarle es comida. Pues la comilona que les da es tremenda y si no se subsana y se sigue fumando, atécese, porque lo que viene es la pavimentada”. La marihuana no es para los repobretes, es allí donde ella causa mayores estragos y al mismo tiempo se convierte en un problema para la sociedad. El pobre no debería fumar ni cigarrillos.
El marihuanero pobre en turrado tiene que conseguir el vicio como sea y es cuando empiezan los atracos, los robos y desmanes que han traído consigo el menosprecio de este gremio que nació tranquilo pero que se prostituyó. Cuando cayó en manos que no la supieron apreciar.

escribió:
Armando Olmedo Larrazábal

lunes, 29 de enero de 2018

UN CHIVO PARA DICIEMBRE

Enrique Marulanda Aarón muy amigo de Javier Daza el dueño de finca Pozo el barro, ubicada en la carretera nacional en el tramo que une Distracción y San Juan del Cesar, distante aproximadamente un kilómetro del Grupo Mecanizado Juan José Rondón de Buenavista, mano derecha de la vía. En el mes de agosto del año 1966, siglo pasado, le compró a unos indios, un chivo y se lo entregó a Javier para que se lo llevara a la finca, lo engordara, con el fin de comérselo en diciembre. Javier le dijo a Enrique:
Quique sabalealo en la camioneta, que cuando yo me vaya me lo llevo. Así fue y así se hizo.
Javier llegó a la finca, tipo 10 de la mañana y se bajó del carro llamando a Chava, su mujer y le grito:
Chava apúrate que nos acaba de regalar, Enrique Marulanda un chivito biche para comérnoslo ahora, eso es rápido. Apúrate mija, yo voy al patio a sacar unas yucas para el almuerzo, decile al indio que lo mate y lo pele enseguida, esta vichecito. Eso no se demora nada, no es sino ponerlo en el fogón.
Cierto muy cierto, se almorzaron el mismo día el chivo de Enrique. Javier tenía por costumbre ir dos veces al día a Fonseca, bien temprano en la mañana a llevar la leche y por la tarde regresaba a buscar los calambucos y comprar cualquier cosa en las tiendas. Ese mismo día en la tarde cuando llegó al pueblo, estaba Quique, sentado en la banca del palo de Higuito de la Mona Medina, conversando con su compadre de cabuyita, Néstor Mendoza, más conocido como  Panchele; precisamente Quique le contaba a Panchele lo ocurrido con el chivo. Cuando Javier los vio, pito el carro y eructó y Quique se dio cuenta y le dijo:
¡ Ombe quedaste fue jarto ! Javier se sonrío pero no dijo nada.
 Quique, le pregunta ¿Javier y cómo llego el pasajero, refiriéndose al chivo? Y responde Javier:
Ese llegó fue engreído, luego lo solté empezó a corretear por el patio, como si fuera el dueño.
Paso el mes de agosto, llegó septiembre y Quique cada vez que se tropezaba con Javier le preguntaba por el chivito, Javier le tiraba una flor.
Ese es mucho animal que va bonito, ese en diciembre está por la arroba de peso, ahí lo que va haber es carne, prepare una totuma grande para la sangre y hacer un friche.
Engreído quedaba Enrique con las respuestas de Javier, mientras este pensaba como iba a arreglárselas con Quique cuando él se diera cuenta que el chivo ya se lo habían comido. Tampoco era para trasnocharse, de alguna manera se solucionaría el problema. Enrique soñaba con la comilona y la fiesta que iba a realizar con el chivo en Navidad.
Hasta que llegó diciembre, el día dos, un viernes, Enrique se encontró con Javier, le preguntó por el chivo y Javier le dijo maravillas, que ese animal estaba bonito, que no se había equivocado en el peso, que pesaba más de la arroba etc. y etc. Después de todos esos halagos Quique le dijo:
Que necesitaba que lo trajera el miércoles de la semana entrante, o sea el 7 de diciembre para festejar el Día de las Velitas, comiendo chivo guisado y el friche, plato típico guajiro, que se hace con la sangre y las tripas del animal.
Javier le respondió, que contara con eso que lo esperara temprano debajo del higuito de la Mona Medina.
Fácil, Quique vivía en frente de la Mona y desde las 5 de la mañana del día 7 se sentó a esperar a Javier. Todo el que pasaba lo saludaba y con algunos muy amigos aprovechaba para recordarles de la parranda por la noche.
Sabiendo que Javier era madrugador, Quique se preguntaba; ¿Pero qué le habrá pasado a Javier? si él no había traído ni la leche y ya van a ser las once de la mañana y esto se está poniendo caliente. Se empezaba a sentir el bochorno del mediodía, hora en que las brisas se paraban y el calor era insoportable. A todas estas empezó a atar cabos y definió lo que nunca se había imaginado. Se levantó de la banca cementada y lanzo un grito lastimero:
Yo si soy mariiiiiicaaaaaaaaaa, ¡nojodaaaaaaaaaaaaaaa!
Clodomiraaaa, yo si soy pennnndejoooo, Javier se comió el chivo el mismo día que se lo entregué, y yo esperando aquí como un guevón. Con razón ese día eructó, jarto de chivo.

escribió:
Armando Olmedo Larrazábal   

TOTAL VIOLENCIA EN ROBO DE CHIVOS, 1 CAPTURADO

Incursión de hombres armados en una ranchería dejó 11 personas cautivas, entre ellos 7 niños, 25 chivos sacrificados y tasajeados, una mujer...